Una de las clases de mujeres de las que hablo son aquellas que fuman. Hoy he tenido mi cabeza llena de mujeres que fuman, que tienen vasos llenos de alcohol entre sus dedos y cuerpos tapados con vestidos de terciopelo. Esas mujeres hablan francés y chapurrean italiano. Escuchan jazz en los pubs llenos de humo, mientras fuman rubio o negro, seguramente negro. Beben whisky y mastican lentamente los frutos secos. Tienen un aire a muñecos perdidos y una mirada difícil de sostener. Todos los hombres nos enamoramos de ellas y las amamos en secreto. Nos pasamos el día mirándolas y escuchando sus secretos más íntimos. Guardamos ciegamente sus besos en nuestros labios y las estrechamos entre los brazos. Robaríamos coches si nos lo pidieran. De ellas se habla en los libros y todos las tachan con o sin compasión de Femme Fatale. Son morenas y no rubias. Roba corazones y diablos de terciopelo. Así son todas y cada una de ellas.
-Para L. la auténtica femme fatale-
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