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domingo, 27 de septiembre de 2009

Dog days are over

No estoy hablando de salvar el mundo. En estos momentos me confomo, con salvarme a mi mismo. Y a algunas personas a las que quiero. El mundo. Ese gran agujero negro que llamamos mundo. Ah, el mundo. Sí, claro. No faltaba más. El mundo es un asco. Todo el mundo lo sabe. Pero procuramos no hacer caso ¿verdad? No, eso es imposible. Nos guste o no estamos metidos hasta el cuello. Nos rodea por todas partes y cada vez que levanto la cabeza y echo una mirada al rededor, lo que veo me da nauseas. Tristeza y repugnania. Y decían que la Segunda Guerra Mundial había arreglado las cosas, al menos por unos siglos. Pero todavía seguimos despedazándonos unos a otros, ¿no es así? Nos seguimos odiando igual que siempre.

Perfecto monólogo interno para buscarle un doble sentido.

En unos meses estaré camino a Turku, Finlandia para disfrutar del frío con mi amadísima V. en el bolsillo de un abrigo polar.
La gente es de lo más odioso cuando tengo claro Madrid me hacen pensar en Barcelona, solo por no tenerles que aguantar el resto de mi vida.

Tengo ganas de que llueva.

jueves, 16 de abril de 2009

Sputnik, mi amor

A los veintidós años, en primavera, se enamoró por primera vez. Fue un amor violento cmo un tornado que barre en línea recta una vasta llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que lo machacó por completo. Y, sin que su fueria amainara un ápice, barrió el océano, arrasó sin misericordia las ruinas de Angkor Vat, calcinó con su fuego las selvas de la India reletas de manadas de desafortunados tigres y convertido en tempestad de arena del desierto persa, sepultó alguna exótica ciudad amurallada. Fue un amor glorioso, monumental.


Quién lo pensaría que ya solo hablara de amor...
No tengo vergüenza al reconocer estar enganchado a Gossip Girl y que hoy pienso verlo en Cuatro para criticar el doblaje.

domingo, 22 de febrero de 2009

Que ha sido de...

¿Dónde estás?, Susurró.
¿Dónde estaba? Todavía con el auricular en la mano, levanté la cabeza y miré alrededor de la cabina. ¿Dónde estaba? No logré averiguarlo. No tenía la más remota idea de dónde me hallaba. ¿Qué sitio era aquél? Mis pupilas reflejaban las siluetas de la multitud dirigiéndose a ninguna parte. Y yo me encontraba en medio de ninguna parte llamando a... sí, llamandola.