No estoy hablando de salvar el mundo. En estos momentos me confomo, con salvarme a mi mismo. Y a algunas personas a las que quiero. El mundo. Ese gran agujero negro que llamamos mundo. Ah, el mundo. Sí, claro. No faltaba más. El mundo es un asco. Todo el mundo lo sabe. Pero procuramos no hacer caso ¿verdad? No, eso es imposible. Nos guste o no estamos metidos hasta el cuello. Nos rodea por todas partes y cada vez que levanto la cabeza y echo una mirada al rededor, lo que veo me da nauseas. Tristeza y repugnania. Y decían que la Segunda Guerra Mundial había arreglado las cosas, al menos por unos siglos. Pero todavía seguimos despedazándonos unos a otros, ¿no es así? Nos seguimos odiando igual que siempre.
Perfecto monólogo interno para buscarle un doble sentido.
En unos meses estaré camino a Turku, Finlandia para disfrutar del frío con mi amadísima V. en el bolsillo de un abrigo polar.
La gente es de lo más odioso cuando tengo claro Madrid me hacen pensar en Barcelona, solo por no tenerles que aguantar el resto de mi vida.
Tengo ganas de que llueva.
Underscores lleva a Imogen Heap más lejos en ‘The Peace’
Hace 52 minutos
